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11/09/2017
La sanidad, el desafío del trigo esta campaña
Royas en trigo, Monitoreo y aplicación de fungicidas mezcla las claves para combatirlas. Marcelo Carmona nos cuenta sobre estas claves de manejo.

A la campaña triguera se le acumulan preocupaciones sanitarias. La expansión de las royas en todas las regiones del país concentra los dolores de cabeza. Desde el año pasado, y con gran virulencia, la roya amarilla volvió a aparecer sumándose a las ya clásicas royas naranja y negra. La última epidemia importante de roya amarilla ocurrió en 1930. Sin embargo, la campaña pasada también apareció la roya amarilla pero este año es más prevalente e intensa
El clima húmedo sirve de impulso a la aparición de enfermedades fúngicas en el cultivo de trigo y obliga a los productores a poner toda la atención en el monitoreo y el manejo técnico.
El fitopatólogo de la Universidad de Buenos Aires, Marcelo Carmona, no duda en la estrategia: "por la roya amarilla se deben monitorear los lotes más temprano. Hay que tener en cuenta que la enfermedad alcanza su pico desde el primer nudo hasta la formación de hoja bandera. Pero más tarde hay que seguir monitoreando porque puede aparecer la roya negra, que ataca desde espigazón en adelante. En el medio, están la roya naranja y las manchas foliares. Además, con tanta humedad y calor, hay que tener cuidado por la aparición de fusarium en la espiga".
Además del monitoreo, Carmona insiste en respetar las dosis de los marbetes y utilizar mezclas de fungicidas. "Se deben combinar mecanismos de acción", dice y recomienda: "para la roya naranja, que es la más común de todas, ya el triazol no funciona bien. Por eso es necesario usar una mezcla de estrobiruliina con triazol, que a su vez puede usarse para combatir las otras royas y manchas".
A su vez, Carmona asevera que la rotación de cultivos puede resultar efectiva en manchas foliares, pero es insuficiente para combatir la roya, que se esparce por el aire. Por eso considera fundamental el uso de cultivares resistentes y la eliminación de plantas guachas.
Virulenta
En cuanto al resurgimiento de la roya amarilla, Carmona explica que se debe a las condiciones climáticas y a algunas características genéticas propias de este hongo, como su capacidad migratoria a través del viento, alta virulencia y gran variabilidad genética. "En Europa, entre 2010 y 2011, había variedades resistentes a la roya amarilla que se transformaron en susceptibles, por lo que el cambio climático también es un factor de influencia", dice.
Dadas estas características, la roya amarilla desplazó a la negra en ser considerada la que mayor daño causa al cultivo a nivel mundial. De hecho, se ha expandido en varios lugares del mundo, como Europa, Estados Unidos y Australia. Actualmente, el 88% de la población global de trigo es susceptible a esta enfermedad, lo que se traduce en aproximadamente 5 millones de toneladas dañadas y pérdidas anuales equivalentes a los mil millones de dólares a nivel internacional.

El establecimiento y expansión de la roya amarilla se da en temperaturas de entre 10 y 15 grados en zonas de mucho rocío. Aunque históricamente estuvo reservada a las regiones más frías, se han detectado cepas que se adaptan a climas más cálidos sin respetar latitudes. De hecho, se diseminó en Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires, pese a que durante este invierno hubo registros de temperaturas más elevados.
Por sus características, la amarilla es claramente identificable entre las royas. "A medida que avanza, en la planta se desarrollan pústulas bien amarillas y se forman estrías. En cambio, la roya naranja aparece en forma dispersa. La amarilla solo puede generar alguna confusión con la naranja en estadios jóvenes, porque al comienzo sus pústulas también aparecen dispersas", explica Carmona.
El impacto
Al aspirar los hidratos de carbono, las royas afectan al grano disminuyendo su peso y calidad, dejando chusas a las semillas. "En el caso de la roya negra debilita el tallo, lo que provoca la quebradura y vuelco generando dificultades al momento de la recolección. Puede perderse en un lote entre el 40% y 60% del cultivo. Mientras que, en la amarilla, si no se trata a tiempo, el daño alcanza niveles de entre el 20% y el 40%" o más, detalla Carmona.
En el país aún no existen investigaciones acerca del control químico de la roya amarilla basado en umbrales de daño. Sin embargo, en otros países se recomiendan umbrales cercanos al 1% de severidad foliar, lo que sería equivalente a una presencia de roya en el 35% de las hojas muestreadas.
Sin embargo, estos valores de incidencia parecerían ser elevados, especialmente por la intensidad de ataque que se registra en variedades susceptibles, por lo que se consideran desactualizados. A modo de ejemplo, y en comparación para nuestro país para la roya anaranjada, la relación entre 1% de severidad y la incidencia es de aproximadamente 20%, o sea, 20 hojas por cada 100 muestreadas presentan pústulas de roya anaranjada Por ello se propone como guía orientativa y preliminar, el umbral de 10-20% de incidencia foliar. Se recuerda que es importante evaluar todas las hojas de la planta de trigo, y no solamente las superiores, cercanas a la hoja bandera, ya que las primeras en infectarse son siempre las hojas más jóvenes (inferiores), que son inicialmente más susceptibles, y construyen la epidemia con un patrón de dispersión vertical intraplanta.

11/09/2017

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Royas en trigo, Monitoreo y aplicación de fungicidas mezcla las claves para combatirlas. Marcelo Carmona nos cuenta sobre estas claves de manejo.

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A la campaña triguera se le acumulan preocupaciones sanitarias. La expansión de las royas en todas las regiones del país concentra los dolores de cabeza. Desde el año pasado, y con gran virulencia, la roya amarilla volvió a aparecer sumándose a las ya clásicas royas naranja y negra. La última epidemia importante de roya amarilla ocurrió en 1930. Sin embargo, la campaña pasada también apareció la roya amarilla pero este año es más prevalente e intensa
El clima húmedo sirve de impulso a la aparición de enfermedades fúngicas en el cultivo de trigo y obliga a los productores a poner toda la atención en el monitoreo y el manejo técnico.
El fitopatólogo de la Universidad de Buenos Aires, Marcelo Carmona, no duda en la estrategia: "por la roya amarilla se deben monitorear los lotes más temprano. Hay que tener en cuenta que la enfermedad alcanza su pico desde el primer nudo hasta la formación de hoja bandera. Pero más tarde hay que seguir monitoreando porque puede aparecer la roya negra, que ataca desde espigazón en adelante. En el medio, están la roya naranja y las manchas foliares. Además, con tanta humedad y calor, hay que tener cuidado por la aparición de fusarium en la espiga".
Además del monitoreo, Carmona insiste en respetar las dosis de los marbetes y utilizar mezclas de fungicidas. "Se deben combinar mecanismos de acción", dice y recomienda: "para la roya naranja, que es la más común de todas, ya el triazol no funciona bien. Por eso es necesario usar una mezcla de estrobiruliina con triazol, que a su vez puede usarse para combatir las otras royas y manchas".
A su vez, Carmona asevera que la rotación de cultivos puede resultar efectiva en manchas foliares, pero es insuficiente para combatir la roya, que se esparce por el aire. Por eso considera fundamental el uso de cultivares resistentes y la eliminación de plantas guachas.
Virulenta
En cuanto al resurgimiento de la roya amarilla, Carmona explica que se debe a las condiciones climáticas y a algunas características genéticas propias de este hongo, como su capacidad migratoria a través del viento, alta virulencia y gran variabilidad genética. "En Europa, entre 2010 y 2011, había variedades resistentes a la roya amarilla que se transformaron en susceptibles, por lo que el cambio climático también es un factor de influencia", dice.
Dadas estas características, la roya amarilla desplazó a la negra en ser considerada la que mayor daño causa al cultivo a nivel mundial. De hecho, se ha expandido en varios lugares del mundo, como Europa, Estados Unidos y Australia. Actualmente, el 88% de la población global de trigo es susceptible a esta enfermedad, lo que se traduce en aproximadamente 5 millones de toneladas dañadas y pérdidas anuales equivalentes a los mil millones de dólares a nivel internacional.

El establecimiento y expansión de la roya amarilla se da en temperaturas de entre 10 y 15 grados en zonas de mucho rocío. Aunque históricamente estuvo reservada a las regiones más frías, se han detectado cepas que se adaptan a climas más cálidos sin respetar latitudes. De hecho, se diseminó en Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires, pese a que durante este invierno hubo registros de temperaturas más elevados.
Por sus características, la amarilla es claramente identificable entre las royas. "A medida que avanza, en la planta se desarrollan pústulas bien amarillas y se forman estrías. En cambio, la roya naranja aparece en forma dispersa. La amarilla solo puede generar alguna confusión con la naranja en estadios jóvenes, porque al comienzo sus pústulas también aparecen dispersas", explica Carmona.
El impacto
Al aspirar los hidratos de carbono, las royas afectan al grano disminuyendo su peso y calidad, dejando chusas a las semillas. "En el caso de la roya negra debilita el tallo, lo que provoca la quebradura y vuelco generando dificultades al momento de la recolección. Puede perderse en un lote entre el 40% y 60% del cultivo. Mientras que, en la amarilla, si no se trata a tiempo, el daño alcanza niveles de entre el 20% y el 40%" o más, detalla Carmona.
En el país aún no existen investigaciones acerca del control químico de la roya amarilla basado en umbrales de daño. Sin embargo, en otros países se recomiendan umbrales cercanos al 1% de severidad foliar, lo que sería equivalente a una presencia de roya en el 35% de las hojas muestreadas.
Sin embargo, estos valores de incidencia parecerían ser elevados, especialmente por la intensidad de ataque que se registra en variedades susceptibles, por lo que se consideran desactualizados. A modo de ejemplo, y en comparación para nuestro país para la roya anaranjada, la relación entre 1% de severidad y la incidencia es de aproximadamente 20%, o sea, 20 hojas por cada 100 muestreadas presentan pústulas de roya anaranjada Por ello se propone como guía orientativa y preliminar, el umbral de 10-20% de incidencia foliar. Se recuerda que es importante evaluar todas las hojas de la planta de trigo, y no solamente las superiores, cercanas a la hoja bandera, ya que las primeras en infectarse son siempre las hojas más jóvenes (inferiores), que son inicialmente más susceptibles, y construyen la epidemia con un patrón de dispersión vertical intraplanta.

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